Nazca (300 a.C. a 500 d.C.)

La cultura nazca se desarrollo en los desérticos valles de Chincha, Pisco, Río Grande de Nazca y Acari, atravesados por ríos que descienden de las atas montañas, en general de régimen estacional. Formaban el pueblo nazca hábiles agricultores, que idearon ingeniosas técnicas hidráulicas para compensar las deficiencias del riego de sus tierras e introdujeron en las técnicas de cultivo el concepto de verticalidad, es decir, el sistema de utilización de los pisos ecológicos situados a distintas alturas, que caracterizaría con el tiempo la organización socioeconómica andina. Practicaban además la pesca y el pastoreo de llamas y vicuñas, y no rehuyeron hacer la guerra para asegurarse el comercio de sus productos, llegando a establecer una alianza con Huari y a participar en la formación del primer imperio de la región.
Entre las gentes de Nazca hubo asimismo hábiles ceramistas y magníficos tejedores. La cerámica nazca se distingue, aparte de su policromía, por la base convexa de los recipientes no escultóricos, lo cual no afecta a su perfecto equilibrio. Los motivos decorativos son principalmente simbólicos y religiosos, y en menor medida, representaciones estilizadas de oficios. Como tejedores, los nazcas confeccionaron delicados mantos y paños de algodón, lana de vicuña, alpaca y llama, utilizando diversas y complejas técnicas textiles y de teñido, con las que lograron una extraordinaria variedad de tramas, puntos, bordados y casi doscientos matices cromáticos, que configuraron sus dibujos geométricos, antropomorfos y zoomorfos, perfilados por una característica línea negra.
Los nazca incluyeron asimismo entre sus actividades la orfebrería, que produjo preciosas joyas de oro y plata, como narigueras, máscaras funerarias, etc. Pero el más sorprendente legado nazca se concreta en las gigantescas líneas, bandas y espirales que trazaron con piedras en el Altiplano, sobre una superficie de 350 km2, representando cuerpos geométricos, animales, plantas y otras figuras indescifradas, cuyo significado último, al parecer calendárico, constituye un misterio.



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